El debate sobre si los líderes deben desconectarse durante sus vacaciones volvió a cobrar relevancia cuando el director ejecutivo de Marks & Spencer, Stuart Machin, afirmó que no le gustan los líderes que se desconectan por completo del trabajo. Sus declaraciones provocaron críticas y reavivaron la discusión sobre el agotamiento laboral, el equilibrio entre vida personal y trabajo, y las verdaderas exigencias del liderazgo.
El artículo sostiene que, aunque en momentos de grandes cambios organizacionales es comprensible que los líderes estén muy comprometidos, existe una diferencia importante entre dedicación y compulsión. Cuando la disponibilidad constante se presenta como un requisito para ser un buen líder, este comportamiento se extiende rápidamente por toda la organización. Los empleados comienzan a sentir que deben estar conectados todo el tiempo para ser valorados, lo que genera cansancio, estrés y decisiones poco efectivas.
Esta cultura de “estar siempre activo” tiene consecuencias acumulativas: aumenta la rotación de personal, reduce la motivación y debilita la seguridad psicológica dentro de los equipos. Con el tiempo, las personas dejan de trabajar con criterio propio y se limitan a aparentar compromiso, lo que perjudica la productividad real.
El artículo explica que este patrón no surge solo por exigencias laborales, sino por factores psicológicos más profundos. Muchos líderes vinculan su identidad al trabajo, sienten ansiedad al perder el control o han aprendido desde jóvenes que su valor personal depende de su productividad. Estos “ganchos emocionales” los llevan a mantenerse disponibles incluso cuando no es necesario.
Para cambiar esta dinámica, el texto propone ir más allá de soluciones superficiales como prohibir correos fuera de horario. Sugiere que los líderes reflexionen sobre qué les incomoda al desconectarse, separen su identidad personal de su rol profesional y den ejemplo respetando sus propios tiempos de descanso. La cultura organizacional, afirma, se transforma principalmente a través del comportamiento de quienes lideran.
La idea central es clara: estar disponible todo el tiempo no es una señal de fortaleza ni de buen liderazgo. Con frecuencia, refleja inseguridad o miedo, y termina dañando tanto al líder como a su equipo. Aprender a desconectar de forma saludable no debilita el liderazgo; al contrario, lo hace más sostenible y efectivo a largo plazo.
Referencias:
Título: The Real Reason Leaders Can’t Switch Off.
Autor: Adi Jaffe.
Publicado en: Psychology Today.
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